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Hambruna golpea en comunidades indígenas en el Caribe Norte

Tras las lluvias de agosto pasado, CEJUDHCAN llevó ayuda a comunidades del Río Coco. Fotografía: Cortesía CEJUDHCAN.

Seis meses de autoaislamiento por la pandemia por COVID-19 y las lluvias que azotaron el país en agosto pasado han agudizado la crisis que desde hace cinco años sufren las comunidades indígenas del Caribe Norte, del país, a causa de la inseguridad enfrentada por la presencia de colonos y que ya incidía en la situación alimentaria.

A causa de las lluvias caídas en agosto pasado que desbordaron los ríos Coco y Wawa, hubo pérdidas de cultivos, en especial de arroz, cuyas pérdidas se desconocen.  

“Ahora la gente está sufriendo una gran hambruna”, aseguró Lottie Cunningham, presidenta del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN) ,  quien explicó que mientras atendían la situación provocada por la pandemia en las comunidades de Río Coco Arriba y Río Abajo, empezaron las lluvias que causaron inundaciones y la pérdida de los cultivos.

“Los ríos se crecieron, el Río Coco se desbordó más de lo que se esperaba, el Río Wawa también afectó la mayoría de las cosechas, el arroz ya estaba por cosecharse”, dijo Cunningham quien manifestó que
esperaban que las autoridades les pudieran facilitar cuatro meses de alimentación, semillas para siembra de frijoles, pudieran apoyarles con algunas cepas”.

Sin embargo, hasta ahora la ayuda solo ha llegado a algunas comunidades con lo que pueden apoyar organizaciones como CEJUDHCAN, que ayudó con alimentos a habitantes de comunidades de Río Abajo “porque esa gente estaba muy mal hasta la desembocadura de Cabo Gracias a Dios”.

CEJUDHCAN auxilió a comunidades del Río Coco con kits higiénico y alimenticio. Fotografía: Cortesía CEJUDHCAN.

En Tasba Raya también han enfrentado igual situación como consecuencia de la inseguridad,  porque siguen afectados por el asedio de los colonos, con quienes se encuentran de vez en cuando, “porque están buscando los colonos una forma de establecer algún contacto con ellos para poder circular en las comunidades. Las comunidades no quieren eso”, expresó la defensora de derechos humanos.

Cunningham mencionó que CEJUDHCAN con los defensores de derechos humanos creó un observatorio, para monitorear la situación de unas 15 comunidades, pues antes de la pandemia habían hecho un diagnóstico de la situación sanitaria.

La presidenta de CEJUDHCAN señaló, que un estudio realizado antes de la pandemia en las 12 comunidades que tienen medidas de protección ante el sistema interamericano, demostró que  más de mil personas se han desplazado de sus comunidades.

Aunque señaló que “muchos dicen ‘no me puedo desplazar a otra ciudad porque de todas maneras me voy a morir de hambre con mis hijos’. Prefieren quedarse en las parcelas”.

Las comunidades del Caribe enfrentan dificultades alimenticias. Fotografía: Cortesía CEJUDHCAN

“Después viene la pandemia y agrava la situación”, indicó Cunningham quien menciona que en muchos casos los comunitarios están sembrando en algunas parcelas de forma colectiva, lo cual no es suficiente para la subsistencia de cada familia no solo por el área sembrada que es insuficiente, sino porque no siembran donde anteriormente cultivaban y muchos de los suelos no son muy productivos. A esto se sumó las plagas de ratas que han destruido cultivos.

“Sumado a eso vino la pandemia y les afectó más la situación de crisis alimentaria», dijo Cunningham, quien señaló que con el inicio de la pandemia las el Ministerio de Salud (MINSA), nunca ofreció información o si las dio muchas veces fue confusa. La presidenta de CEJUDHCAN estima que solo en Puerto Cabezas fallecieron por COVID-19 unas 80 personas.

Y cuando en Puerto Cabezas, la gente empezó a fallecer, muchos de los comunitarios que trabajaban en Bilwi, regresaron a sus comunidades donde se autoaislaron, lo que agudizó los problemas económicos como ocurrió con las mujeres que trabajan en el acopio de mariscos, llamadas piquineras, quienes se vieron doblemente afectadas, pues la veda, que empieza en marzo, coincidió con el inicio de la pandemia, lo que impidió que buscaran alternativas de subsistencia como históricamente lo han hecho, con empleos alternativos como auxiliares del hogar o vendedoras ambulantes.

Esa organización llevó orientación sobre la pandemia a través de programas radiales realizados en miskito, inglés y mayangna, a través de los cuales le explicaban a los comunitarios como autoprotegerse, pues no hubo ninguna prevención de parte de las instituciones del Estado.

Igualmente CEJUDHCAN entregó kits higiénicos y alimenticios en más de 40 comunidades.

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