FSLN: el secretismo de su democracia interna

El Tridente del Poder en Nicaragua

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tiene una estructura única, cuyo modelo interno lo ha convertido en un partido sin precedentes en la historia de Nicaragua. Nació como una organización político-militar y en la historia reciente es el partido que mayor tiempo ha permanecido en el Gobierno, a pesar de sus diversos procesos de ruptura, innumerables denuncias de corrupción y la no sucesión de mandos. Su control va más allá del partido-Gobierno, llegando a deteriorar la relación Gobierno-Estado. Fundado en 1961, hoy es considerado un partido dominado por la inmoralidad, cuyos procesos internos, controlados por unos pocos, demuestran una realidad unánime: antidemocracia.

MANAGUA, NICARAGUA – Durante la asamblea departamental del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Estelí, celebrada en enero de 2020, el ruido de la multitud fue interrumpido por un hombre robusto, quien con dificultad logró ponerse de pie y tomar la palabra. “Buenos días, compañeros”, dijo con aplomo, llamando la atención de los militantes sandinistas, y cometiendo de inmediato un pecado capital en el que los simpatizantes del partido de gobierno en Nicaragua nunca deben incurrir: criticar al Presidente Daniel Ortega y a su esposa, la Vicepresidenta Rosario Murillo. Pese a la mirada atónita del auditorio, el viejo exguerrillero, conocido como el “Chino Enoc”, ventiló sus quejas.

Su nombre es Marlon Gerardo Sáenz. Tiene 44 años de ser militante sandinista y presume de “la mística revolucionaria”, misma que durante toda su vida política ha significado obediencia. Su distintiva boina estilo Che Guevara, y su pañuelo rojinegro, forman parte de su habitual indumentaria desde los 16 años de edad, cuando se unió a la guerrilla del FSLN.

Las declaraciones del “Chino Enoc” contra la centralización del sandinismo ejercida por la pareja presidencial, hicieron eco en muchos de los asistentes y en los medios de comunicación del país, enfocando la atención en sus comentarios sobre el “relevo generacional” leal a la Vicepresidenta Murillo. Era la primera vez que esa incomodidad patente en algunos sandinistas se decía en “público y voz alta”.

“No puede venir una juventud desinformada a hacer un relevo del sandinismo histórico; una juventud que no se le está enseñando sandinismo. Ese discurso repetitivo ha creado a los sandinistas ‘lite'”, dijo Sáenz, en referencia a las nuevas estructuras juveniles creadas por la Vicepresidenta Murillo desde 2006, año en el que Ortega regresó al poder. La llamada Juventud Sandinista (JS) ha ganado poder en el FSLN, convirtiéndose en uno de los pilares del partido, y cuyo objetivo principal son las labores proselitistas en las que se repiten los eslóganes y discursos ideados por Murillo, quien funge como vocera gubernamental.

Las declaraciones del “Chino Enoc” resultaron incendiarias. Algunos militantes, los de nueva data, lo intentaron callar. Otros, los de la vieja guardia -que se sienten desplazados- lo secundaron con aplausos. Lo sucedido en esa asamblea dejó al descubierto una parte de las diferencias internas que existen en el Frente Sandinista, pero que no afloran de manera pública por el nivel de secretismo que impera en la conducta de la militancia.

Críticos y disidentes del sandinismo han insistido en que el partido revolucionario que impulsó el derrocamiento de la dictadura somocista, y que cautivó al mundo en los ochenta por su jerarquía colectiva y horizontal, fue convertido por Ortega y Murillo en una organización monolítica, en la que su propio estatuto es remplazado por el “ordeno y mando” de la pareja presidencial, quienes se han autoproclamado “la segunda etapa de la revolución sandinista”.

Según el Artículo 27 del estatuto del FSLN, disponible únicamente en la página web del Consejo Supremo Electoral (CSE) de Nicaragua y no en un sitio oficial del partido, el órgano supremo y permanente de dicha institución es su Congreso, instancia que ha sido reemplazada por el personalismo impuesto por el matrimonio Ortega-Murillo, permeando incluso a sus bases políticas y vulnerando un conjunto de acápites de sus propios reglamentos.

Los reclamos de Saénz sucedieron luego de la violenta crisis sociopolítica de abril de 2018 en el país, hechos que, según sondeos, han reducido la simpatía hacia la pareja presidencial, acusada de cometer crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, para el “Chino Enoc” es más que eso, él no confía en “la compañera Rosario”, puesto que para él “hoy en día la palabra de la Vicepresidenta vale más que cualquier estatuto partidario” que él profesó desde su juventud como guerrillero. “Cuando no esté Daniel, una patada nos va a dar”, dijo en referencia a los excombatientes que dicen sentirse marginados por la promoción de Murillo como figura de mando y primera en la línea de sucesión constitucional del poder.

De las montañas a los curules: una oportunidad perdida

El FSLN mutó. Pasó de ser un movimiento revolucionario a un mecanismo cuyo fin siempre fue obtener el poder mediante la democracia representativa; es decir, un partido político. Su personería jurídica fue otorgada por el Estado nicaragüense el 13 de septiembre de 1983 gracias al Ministerio de la Ley de Partidos Políticos de esa época, aunque su primer Congreso Nacional se llevó a cabo hasta julio de 1991 en el decimosegundo aniversario de la revolución, evento histórico que el partido de gobierno se adjudica.

Para muchos, la descomposición del Frente Sandinista inició hace varios años, con un sinnúmero de acciones que poco a poco traspasaron el límite entre el partido-Gobierno y el Gobierno-Estado. Vilma Núñez de Escorcia, abogada, exmilitante del FSLN y Presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) -organización confiscada por el Gobierno de Ortega desde diciembre de 2018-, en enero del año 2000 expuso puntos claves sobre la crisis que el partido rojinegro vive desde sus inicios: “Mientras estuvo en el poder, el Frente Sandinista no logró desarrollarse como partido político. Pasó de ser un movimiento político-militar, una organización guerrillera que toma el poder por las armas, a formar un gobierno que administra un país. No hubo tiempo para construir una organización política, para desarrollar un partido, para consolidar estilos democráticos de dirección y de participación. ¿No hubo tiempo por el desarrollo que tuvieron los acontecimientos o no hubo voluntad porque los máximos dirigentes pensaban que era innecesario? En cualquier caso, fue un gran error que los estilos de dirección muy verticales y poco democráticos de los que se abusaba se justificaran siempre en la guerra que nos impuso Estados Unidos”.

Núñez, quien intentó disputar la candidatura del FSLN para las elecciones de 1996, también agregó en su coloquio otra característica singular en la historia del partido de gobierno, que incluso ha sido puesta en práctica en la actualidad: “Con la derrota llegó ‘la piñata’, palabra que me parece inapropiada pero que explica una serie de hechos lamentables que constituyeron un escalón fundamental en el camino a la descomposición dentro del FSLN”.

“La Piñata” se ejecutó en el país tras la salida de Anastasio Somoza del poder en 1979 y constituyó una serie de confiscaciones a diversas propiedades y bienes que nunca pasaron a ser del Estado, sino de individuos relacionados directamente al gobierno entrante, entre ellos “los nueve” comandantes que dirigieron la revolución en aquel entonces. Las confiscaciones forman parte de una larga lista de acciones represivas ejecutadas por el Gobierno y avaladas desde el partido rojinegro.

El exdiputado Víctor Hugo Tinoco, quien formó parte de la Dirección Nacional del FSLN hasta su expulsión en el 2005, explicó en ese mismo año el que consideró el punto de arranque de la crisis partidaria del Frente Sandinista: “Creemos que la crisis política e institucional que vivimos hoy en Nicaragua tiene su origen en una concepción política autoritaria que se empezó a gestar en el FSLN en 1998. En junio de 1998 se conocieron públicamente las primeras noticias del acuerdo político que se estaba concretando entre la dirigencia del FSLN y el entonces Presidente Arnoldo Alemán. Más específicamente, y más ciertamente, entre Daniel Ortega y Alemán, porque en ese tiempo yo era miembro de la Dirección Nacional del FSLN y yo no sabía nada de esto, ni otros de la Dirección sabían nada”.

Confiscaciones y acuerdos bajo la mesa con funcionarios acusados por corrupción; para ese entonces, las acciones antidemocráticas poco a poco iban aumentando su número en el historial del FSLN. “Al principio, no estábamos claros de la trascendencia del acuerdo. Nuestras primeras preocupaciones fueron éticas. ¿Cómo el FSLN, una organización con valores, con principios, estaba haciendo un acuerdo político con Arnoldo Alemán, alguien que, en la percepción de la gente, y en la realidad, era un gran corrupto?”, cuestionó en ese momento Tinoco, lo que generó otra pregunta fundamental para la transmutación del FSLN como partido político: ¿fueron las confiscaciones, el pacto con Alemán o el caudillismo el génesis de sus males?

El génesis del caudillo

Entre 1983 y 1984, el Frente Sandinista decidió formalizarse como partido político y participar por primera vez en un proceso electoral, que tenía como propósito restablecer el marco legal y rehacer la Constitución Política del país. Para este primer proceso, las decisiones internas del partido fueron tomadas por la Dirección General, integrada por “los nueve” bajo el mecanismo de los tres tercios, conformados por: Proletarios, Guerra Popular Prolongada y los Insurreccionales o Terceristas (grupo del que Daniel Ortega formaba parte).

“El cultivo de su personalidad (Daniel Ortega) inició a partir de 1983. Primero bajo la tesis de que era necesario concentrar el poder para enfrentar la guerra contrarrevolucionaria. Y después, bajo la tesis de que había que fortalecer personalidades para enfrentar las campañas electorales, primero la de 1984 y después la de 1990. Poco a poco, la figura de Daniel Ortega fue concentrando más y más poder y también teniendo más relieve a nivel público, de manera que cuando perdemos las elecciones él es la personalidad del Frente Sandinista que tiene más ascendencia dentro y fuera del Frente”, explicó en enero de 2013 Dora María Téllez, expresidenta del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ahora conocido como Unión Democrática Renovadora (UNAMOS).

Desde 1984 hasta la fecha, el partido de gobierno ha participado siete veces en elecciones presidenciales, todas con el mismo candidato, Daniel Ortega, estableciendo otro indicio antidemocrático en sus gestiones internas. Actualmente el FSLN gobierna por tercera ocasión consecutiva, ejerciendo el control total del Estado, incluyendo la Asamblea Nacional, y en búsqueda de un cuarto período.

De los 92 escaños de la Asamblea Nacional de Nicaragua, actualmente 71 le pertenecen al Frente Sandinista de Liberación Nacional, 14 al Partido Liberal Constitucionalista, 2 al Partido Liberal Independiente, 2 a la Alianza Liberal Nicaragüense y 1 escaño para el Partido Conservador, la Alianza por la República y Yapti Tasba Masraka Nanih Aslatakanka, respectivamente.

El Artículo 101 del estatuto del Frente Sandinista establecen las elecciones primarias como el mecanismo para seleccionar a las y los candidatos a cargos públicos, para así “garantizar que los seleccionados cuenten con el respaldo de las bases del partido y permitan sumar votos al FSLN”. Contradictoriamente, en los últimos 35 años la casilla electoral del partido rojinegro no ha tenido otro rostro y nombre que no sea el de José Daniel Ortega Saavedra, quien, con 77 años de edad, es el máximo líder, Secretario General y Comandante del FSLN, violando diversos artículos de los reglamentos internos del partido, incluido el apartado número 11 sobre los principios de democracia interna.

“El FSLN está ilegal”, gritó en aquella asamblea el “Chino Enoc”, reconociendo el incumplimiento del estatuto del partido, y denunciando al mismo tiempo que su organización política, por la cual luchó con fusil en mano, se ha centrado en fomentar el culto a la personalidad de Ortega y Murillo.

El Frente Sandinista se adjudicó su primera victoria electoral en los comicios del 4 de noviembre de 1984, obteniendo el 66,1 % de los votos, y un total de 66 curules en la Asamblea Constituyente.

Previo a las elecciones de 1990, hubo un acontecimiento que, para el abogado y analista político Fanor Avendaño, fue clave en la historia del Frente Sandinista, considerándola la primera demostración democrática interna del partido: los Acuerdos de Paz de Esquipulas, una iniciativa que se firmó en agosto de 1987 para resolver los conflictos militares que plagaron Centroamérica durante muchos años. “Fue la primera expresión de democratización en el FSLN, porque antes de firmarlos tuvo que haber un debate interno, y casi nadie recoge eso en la historia, porque hubo sectores muy radicales (ideológicamente) que se oponían. De ahí se comenzó a dar una semblanza de democratización”, explica el político. Tres años después, y contra todo pronóstico, el FSLN perdió los comicios del 25 de febrero, entrando a una etapa que puso en discusión el futuro del partido.

“Con el triunfo de Violeta Barrios de Chamorro, la democratización del FSLN se podría considerar la primera oportunidad institucional. Se desperdicia porque hay divisiones internas y no se supo administrar ese proceso de profesionalización política. Al ser un partido moderno, se comienzan a dar grandes fisuras, dando lugar a la creación de dos movimientos políticos que se convirtieron en una oposición beligerante; en ese contexto de división, el FSLN, al buscar una semblanza democratizadora a lo interno, se tomó una ruta radicalizadora. Eso fue determinante para que el partido tuviera un liderazgo único, y desaparece el liderazgo colegiado”, enfatiza Avendaño.

Mística de la jerarquía

El 26 de junio de 2017, dirigentes del FSLN, funcionarios públicos, diputados e integrantes de la JS se congregaron en el Centro de Convenciones Olof Palme de la ciudad de Managua para llevar a cabo su congreso nacional. En esa ocasión, la convocatoria se dio con el fin de definir sus estrategias de cara a las elecciones municipales de noviembre de 2017.

Un año antes, en el mismo lugar, se celebró el mismo congreso, pero en esa ocasión su objetivo fue nominar a Daniel Ortega, por séptima vez, como el candidato presidencial para los comicios generales de 2016, sin un proceso formal de elección interna, y a su vez, otorgarle al caudillo las facultades para elegir su fórmula y a los candidatos a diputados que le acompañarían en la contienda, violando así el Artículo 101 de sus propios reglamentos internos como partido. En ambos congresos (2016 y 2017) los participantes votaron a mano alzada, sin un debate previo, ni abstenciones o votos en contra.

“Si te fijás, es un evento en donde ya hay una agenda establecida. Ya se sabe que él y ella (Daniel y Rosario) indudablemente son los que van a tomar la palabra. Al momento de la votación mirás que todos a tu alrededor levantan la mano, y no hay nada más qué hacer. Terminás levantándola”, comenta un militante sandinista, quien bajo ninguna condición estaría dispuesto a revelar su identidad. Agrega que después del Congreso “nadie sabe quién será la fórmula, ni los candidatos, sino hasta el preciso momento de las inscripciones ante el Consejo Supremo Electoral (CSE)”, un hecho que evidentemente incurre en la violación de los lineamientos internos para la selección de candidatos a cargos públicos de elección popular.

Según el Artículo 11 del estatuto del FSLN, la vida interna del partido se basa en elecciones democráticas internas, en todos los niveles, bajo los principios de la libertad de conciencia, discusión previa y tolerancia a las opiniones.

Para la periodista e investigadora Jennifer Ortiz, simplemente dichas prácticas no existen. “Sencillamente no existen procesos internos. Quienes intentaron participar en algún momento fueron impedidos y hasta expulsados. Para Ortega es un riesgo tener un partido democrático, y por ello decidió abolir esta estructura, y por eso es que no conocemos los procesos internos del FSLN, porque ocurren en la estructura neuronal de Daniel Ortega y de Rosario Murillo, y luego solo bajan la orientación. Dígase, fírmese y esto es lo que se va a hacer”, explica la Directora de Nicaragua Investiga.

Uno de los conflictos internos más reconocidos en la historia del partido se dio entre el ya fallecido exalcalde de Managua, Herty Lewites, y el caudillo Daniel Ortega por la nominación a la candidatura presidencial para las elecciones de 2006. Ortega, como Secretario General del FSLN, coaccionó todos los espacios del partido, expulsó a Lewites y se autoproclamó el candidato para dichos comicios.

“Acostumbrado a mandar y a hacer cumplir sus órdenes sin importar los costos políticos, Daniel Ortega tiene ante sí el mayor desafío a su poder omnímodo en el FSLN: la determinación de Herty Lewites de ser candidato a la Presidencia de la República en las elecciones generales de noviembre 2006”, dijo en febrero de 2005 a la Revista Envío William Grigsby, quien tiempo después se convirtió en férreo adulador de Ortega y sus gestiones, siendo actualmente uno de las pocas voces comentaristas del oficialismo.

“La campaña pública contra Lewites empezó en mayo de 2004, y la encargada de dar la corneta de partida fue la esposa de Ortega, Rosario Murillo”, dijo en su momento Grigsby.

En el 2017, Murillo manifestó que los candidatos y las candidatas del FSLN que participarían en los comicios municipales de ese año fueron electos producto de una “consulta directa con la población, a través de encuestas”. Esto provocó inconformidad y descontento en un sinnúmero de municipios, y en las filas del partido, porque hasta el momento no existen indicios de dichos sondeos.

En el 2014, el Gobierno de Daniel Ortega gestó una táctica legislativa escandalosa, considerada por la sociedad civil y el Episcopado de Nicaragua cómo una de las acciones más autoritarias en la historia del país. Con mayoría parlamentaria, el FSLN modificó 40 artículos de la Constitución Política de la República para legalizar y habilitar la reelección presidencial de forma indefinida, posibilitando también la elección a la Presidencia con mayoría simple y, como si fuera poco, facultando al Poder Ejecutivo para emitir decretos con fuerza de ley. Durante ese mismo año, el FSLN también modificó la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional (Ley No. 606) con el objetivo de adjudicar la propiedad de los curules del parlamento al partido, como medida para evitar el transfuguismo partidario.

El modelo centralista de la estructura sandinista también ha dado constantes golpes a la autonomía municipal. Según un reportaje publicado en Confidencial, entre el 2008 y 2017, el FSLN ha destituyó de forma repentina a al menos 34 alcaldes y vicealcaldes. “Nadie dice nada. Son decisiones del partido”, dijo una de las fuentes consultadas, quien también solicitó anonimato por temor a la recién aprobada Ley Especial de Ciberdelitos (Ley No. 1042), otra legislación apoyada por el FSLN, que se suma a la extensa lista de leyes aprobadas por dicho partido que violentan derechos básicos de la ciudadanía nicaragüense y limitan las libertades públicas, sobrepasando el poder de la Carta Magna de Nicaragua. 

El partido del secretismo

La poca o nula información que existe sobre los procesos internos y externos del partido; la imposición de órdenes; el desconocimiento de las decisiones por parte de la militancia; el abstencionismo ante cuestionamientos, dudas, críticas e incluso aportes. Todo esto ha sentado un precedente muy particular en la forma de operar en el FSLN, denominada por la propia militancia como “secretismo”, que, en algunas ocasiones, se manifiesta con un “lo que el partido diga”.

Secretismo:

m. Modo de actuar en secreto con respecto a asuntos que debieran manifestarse.

Real Academia de la Lengua

“El Frente Sandinista es un partido con mucho secretismo. No se sabe cómo nombran a sus secretarios políticos; se desconoce el nombramiento de su ejecutivo nacional y cómo nombran a su Congreso. No sé saben las decisiones que toma su Secretariado General. Es un secretariado único. No se sabe qué decisiones se toman, y quién las toma”, enfatiza el académico Avendaño, quien añade su pesar ante dicho comportamiento. “Allí es donde lamento. Hay un estatuto registrado en las instancias del Estado, pero prácticamente sus aplicaciones son inexistentes, al igual que muchos partidos políticos en Nicaragua”.

Por su parte, Ortiz, quien monitorea de forma permanente el comportamiento del poder, explica que no hay forma de describir la estructura del FSLN. “Partido político como tal, no sé cómo describirlo, porque no tiene una estructura. No tiene asambleas, no tiene un Comité Ejecutivo, no tiene absolutamente nada que te indique que es un partido político que se rige por principios democráticos. Se rige por autoritarismo. Se rige de manera transversal, por lo que diga la familia Ortega-Murillo. Eso es lo que se hace a nivel partidario”.

El binomio del poder

El 2 de agosto de 2016, Nicaragua, y el mundo en sí, quedó en parálisis por una noticia muy inhabitual, algo nunca antes visto en la historia: una primera dama, en este caso Rosario Murillo, quien, por su poder de influencia es considerada el número dos del partido, se registraba como la colega de plancha de su esposo (quien era el actual Presidente de la República), siendo así la candidata a la Vicepresidencia para los comicios electorales de ese año. “Damos cumplimiento a nuestra política de Estado de inscribir 50 % de candidatos varones y 50 % de mujeres”, argumentó Ortega al terminar de inscribir a su esposa, situándola a la cabeza en la línea de sucesión constitucional, y convirtiendo su matrimonio en un binomio de poder.

Pero, ¿en realidad el partido estaba poniendo en práctica el Artículo 11 o el Artículo 28 de su propio estatuto sobre la equidad y la participación de las mujeres en dicho espacio, o a la ley de paridad nicaragüense?

“No es necesario estar en las filas del Frente para saber cómo utilizan a las mujeres que están en espacios de tomas de decisión: como un peón. Diversas mujeres han ocupado puestos de alcaldesas en este partido, pero éstas han sido invisibilizadas por la figura de los secretarios políticos, tal es el caso de Daysi Torres (exalcaldesa de Managua) y Reyna Rueda (actual alcaldesa de Managua), ambas bajo la sombra de Fidel Moreno en la capital del país. Las mujeres son utilizadas como imagen o adorno en actos públicos, culturales o teatrales, pero quienes realmente toman las decisiones son ellos, los secretarios”, explica la politóloga Arantxa Aguilar sobre el papel de las mujeres en el partido de gobierno.

“Por otro lado también están las alcaldesas destituidas (en lugares como Telica, Wiwilí, Potosí) por no obedecer las órdenes del partido. Este mal incluso lo han sufrido diputadas como Xóchilt Ocampo en el 2013”, agrega Aguilar.

Desde el 10 de enero de 2017, Murillo no solo es la primera dama, y la Secretaria del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, sino que también se convirtió en la Vicepresidenta en funciones, gobernando junto a su esposo el país y al FSLN, desde el seno de su hogar situado en El Carmen, Managua.

 

El 12 de noviembre de 2019, el legendario exguerrillero Edén Pastora, conocido como “Comandante Cero”, durante un programa en el oficialista Canal 6, recomendó a su partido la importancia de nombrar al sucesor de Ortega en caso de que este muera: “Yo recomendaría a nuestro comandante Daniel Ortega estructurar ese gran partido científico, y que sea él quién nos diga quién será el próximo candidato, el próximo dirigente, cuando a nuestro comandante Dios le mande cualquier fatalidad”.

Sin embargo, dichas recomendaciones fueron exhortadas al día siguiente por el dirigente sindical y actual Presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, confirmando que Daniel Ortega sería nuevamente el candidato único para las elecciones presidenciales del próximo 7 de noviembre. “Desde ya nos preparamos para el triunfo de Daniel en el 2021, y parte de esa preparación es la unidad de todos los trabajadores”, dijo Porras.

Desde su regreso al poder en el 2007, el FSLN ha instaurado un control absoluto, no solo en el Gobierno, sino también en los tres Poderes del Estado y todas sus instancias. Instituciones estatales e independientes; grupos de seguridad nacional (Policía y Ejército); el seguro social; las organizaciones religiosas; fuerzas económicas y sociales. Sin embargo, la ebullición de las tensiones socioeconómicas y políticas exacerbadas desde la represión en el 2018 intensificaron las críticas a la tercera gestión consecutiva del Gobierno sandinista, liderado por el Presidente Daniel Ortega y su esposa, quienes pretenden mantener el poder de forma incuestionable, dentro y fuera del partido.

Según los datos divulgados por la firma encuestadora CID Gallup, entre el 10 y 25 de enero de 2021, el FSLN encabeza la preferencia nacional con un 25 % de intención de voto, y la gestión de su Gobierno alcanza el 35 % de aprobación. Mientras que, para la firma M&R Consultores, el FSLN obtuvo un 53,2 % de simpatía política en los resultados divulgados el 12 de enero de este año.

Al consultarle al analista Avendaño sobre si este modelo de estructura interna es sostenible, su respuesta fue: “Es insostenible. A mi criterio, ya está en su etapa terminal. Es imposible que un partido de ese tipo pueda permanecer por muchas décadas así”. Y ese proceso parece ser paulatino y no inmediato, ya que “en la política no se descarta lo sobrevenido, de algún acontecimiento natural; eso apresura los fenómenos de cambios en los partidos de este tipo”, agregó.

La conducción hermética del FSLN hace cuestionar la viabilidad y sobrevivencia de su estructura partidaria, considerada la primera fuerza política en Nicaragua. Parecería ser un esfuerzo infructuoso controlar todos los Poderes del Estado y al mismo tiempo evitar la incertidumbre dentro de su militancia. Ante sus propias dificultades como organización, silenciar las voces que disienten se hizo ley, mutilando así los espacios de críticas y las oportunidades para mejoramiento.

El “Chino Enoc” encontró en Facebook la manera de nacionalizar su descontento y los señalamientos a su identidad partidaria. Procuró generar ciertos cambios procedimentales dentro del partido y evidenciar el desconocimiento ideológico en los relevos generacionales. Su mayor logro fue recibir un citatorio en la Secretaría del Frente Sandinista, instalaciones que acogen al binomio de poder, quienes ostentan tener una militancia obediente ante una jerarquía incuestionable.

Lo último que se supo del “Chino Enoc”, públicamente, es que a pesar de que se había comprometido a brindar una entrevista para la Revista Domingo de La Prensa, tuvo que retractarse después de salir de su citatorio en El Carmen, argumentando un “tengo una familia”.

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