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Cárceles clandestinas no desaparecieron con Operación limpieza

«Llegas a un punto que no sabes cuántos te violan, porque ellos se decían: dale vas vos. Y yo les pegaba gritos y les decía mátenme, mátenme, ya no me hagan nada, solo mátenme«, es parte del testimonio de la víctima cuyas iniciales son R.I.N.C, integrante de la diversidad sexual que fue víctima de tortura en una cárcel clandestina en Nicaragua.

Su testimonio es uno de los ocho casos que recoge el informe «La tortura un crimen permanente en Nicaragua» del Observatorio contra la tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, que evidencia la violación como práctica de tortura y que los centros clandestinos de detención «no desaparecieron con la operación limpieza», expresó el abogado Salvador Marenco quien presentó el informe.

Y según dijo es un seguimiento al informe «Volviendo a ser humano» que anteriormente presentó ese Colectivo y recogió otros 56 testimonios.

R.I.N.C. relató al Colectivo que en abril de 2019 fue conducida a un centro clandestino de detención y según su testimonio después que era sometida a los interrogatorios «venían los de menor rango y te hacen cochinadas, por lo menos yo nunca digamos he andado, como lo que soy lesbiana, y me gritaban machorra hijueputa te vamos a hacer mujer, yo les decía que me mataran».

Y en medio de sus gritos policías y parapolicias fue sometida a violación. «Y me decían: no hijueputa te vamos a hacer mujer, aquí vas a pagar todo lo que has hecho, ¿No querías andar en las calles? ¿No querías andar de golpista? Ahora vas a aguantar hijueputa golpista, y yo les decía mátenme, yo ya no aguantaba…».

Señalan a Avellán

También aparece el testimonio de otras víctimas también identificados con las iniciales J.L.O.B. y G.L.P.C. quienes fueron golpeados por agentes policiales y parapoliciales, en el primer caso, su detención asegura fue dirigida por el sancionado subdirector de la Policía del régimen, Ramón Avellán, quien incluso dirigió su golpiza al momento de la detención.

“Ramón Avellán, el comisionado, me agarra y me pega y me dice entonces cabecita vas a hablar o no, ordena que me tapen la cabeza, me ponen una capucha y yo comienzo a llorar como niño, agarra el maje y me agarra la oreja, y me la prensan duro, me dice que si no hablaba me iba a ir peor, me la prenso con una tenaza”, refiere J.L.O.B.

J.L.O.B. fue detenido el 14 de agosto de 2018 en el centro de la ciudad de Masaya, en su testimonio denunció que al momento de su captura:, èl abordaba un taxi del que fue bajado a punta de fusil AK.

«El policía me agarró con una AK y me golpeó en la nuca, casi me desmaya, en lo que caigo de rodillas el paramilitar me agarra y me pega un puntapié en la mera boca del estómago, se me va el aire, y me quedo en el suelo, uno se me tira en la espalda y me dice te dije que te iba a agarrar, querías darle un golpe de estado a mi presidente».

Luego refirió J.L.O.B «uno de los guardias me dice queres sentir la presión de los cachorros de Sandino, yo estaba llorando porque me había desbaratado por dentro, yo escupí sangre, el paramilitar me hace una llave y me comienza a asfixiar, me pega una patada en la cabeza y me dice vas a ver lo que te espera ahorita, me agarra un Danto me agarra del pantalón y me tira a una tina y pegó contra una llanta y me comienzan a pegar todos con la punta del AK en el pie y la cabeza«.

Trasladado desnudo al Chipote

El excarcelado político G.L.P.C. refiere que en la Estación de Policía de Masaya: «Estuve en un cuartito que estaba por las escaleras, estuve 13 días, del 18 de julio al 31 de julio (…) ese mismo día me quitaron la ropa, me quitaron el calzoncillo, y permanecí desnudo todo el tiempo que estuve detenido (…) así me trasladaron al Chipote, desnudo»

El excarcelado político de iniciales E.M.A. por su parte en su testimonio menciona: “Ingresas y te meten a una celda provisional donde estás desnudo. Y permaneces 24 horas (…) era frente a oficina, ahí pasa todo el día la gente caminando y te ven desnudo, de lo más normal.”

En el caso de E.M.A. quien también es nacional del país vecino, Costa Rica, fue detenido el 5 de julio de 2018 en El Crucero y trasladado previamente a la Estación de Policía de ese municipio, que en ese momento estaba siendo usado como puesto de mando y cuartel durante la operación limpieza, inmediatamente fue trasladado a El Chipote, y ahí fue víctima de tortura a manos de agentes policiales y parapoliciales, con fines de investigación policial.

También se utilizó la amenaza de violación como forma de tortura psicológica en perjuicio de E.M.A., quien en su testimonio mencionó: “Me decían que me iban a violar, al punto que cuando me estaban agarrando me decían que si yo era un culito rosado, que iban a ver, que iban a constatar que si era un culito rosado”.

En el caso de E.M.A, fue recluido en celda junto con otro detenido que presuntamente tendría problemas mentales y sufrió por parte de este, una tentativa de violación.

“Nos quitaron la ropa, nos hicieron hacer diez sentadillas, nos pusieron las paletas (metálicas) en nuestras partes, para nosotros era vergonzoso, había unos que nos miraban raro, pensábamos que nos iban a violar”, expuso en tanto J.L.O.B.

El Estado de Nicaragua debe erradicar esta práctica y limitarse a realizar requisas, que sean absolutamente necesarias para la revisión y control de las personas detenidas relacionadas con las medidas de seguridad de los centros de detención, indica Marenco.

Tras señalar, en ningún caso debe excederse puesto que constituye una violación al derecho a la libertad sexual, a la integridad, personal, y a la honra y dignidad de las personas, derechos reconocidos constitucionalmente, y también a través de tratados internacionales que Nicaragua está obligado a cumplir.

Otras formas de tortura

El informe además señala la gravedad de la práctica de tortura utilizada en la Delegación de Policía de Masaya, donde agentes del Estado hicieron uso de planchas calientes, “la garrucha”, deshidratación, asfixia húmeda, desprendimiento de uñas, uso de tenazas y golpizas con el fin de obtener información sobre las protestas; las víctimas reportadas en el presente documento pertenecen al pueblo de Monimbó.

En su testimonio G.L.P.C en tanto indica que que durante su traslado de la Delegación de Policía de Masaya a El Chipote en una ocasión detuvieron la marcha del vehículo «me dijeron: Salí, yo ya iba encapuchado. Y me empezaron a golpear, me agarraron a golpes y a patadas, en ese sitio, caído permanecí un buen tiempo, sentí que era tierra y estaba caliente».

“Hijuelagranputa estás de suerte, estás de suerte, no te vas a quedar aquí. A lo lejos escuchaba que hablaban, ahí fue que yo me di cuenta que no estaba en El Chipote. Después de ahí ya fue que me llevan para El Chipote”, recuerda la víctima.

También se denuncia en el presente informe, con especial preocupación, que tanto en 2018 y 2019 personas opositoras detenidas arbitrariamente fueron trasladas a algunos centros clandestinos, con la mera finalidad de que ciertos agentes estatales y paraestatales puedan obtener una suerte de “venganza”, propinándoles brutales golpizas grupales y otros métodos de tortura.

Se resalta nuevamente la existencia de centros clandestinos específicamente destinados a la práctica de tortura. Existe un testimonio bajo reserva de identidad que confió: “Te daban toques eléctricos en los costados, te recorría todo el cuerpo, en seco, me sentaban en una silla de metal, tenía sueltas las manos, pero cuando te sentaban en la silla te ponían bridas y me daban toques.”

De acuerdo al informe del Observatorio del Colectivo en las cinco detenciones donde participaron agentes parapoliciales, los testimonios coinciden en que estos agentes eran del sexo masculino, vestido con ropas de color oscuro y portaban armas de fuego.  En dos de estas tres detenciones los parapoliciales amenazaron directamente con sus armas a las personas detenidas.

Seis de las ocho personas detenidas fueron procesadas por distintos delitos, como portación o tenencia ilegal de armas de fuego, obstrucción a la vía pública, entre otros, sin embargo, ninguna de ellas fue presentada ante la autoridad judicial en el plazo de 48 horas, plazo máximo establecido en el artículo 33 constitucional.

Los plazos de presentación oscilaron entre los 3 y 61 días de detención. En el caso de G.L.P.C. se deja ver con claridad la alteración en los registros de detención y la falta de fiabilidad de estos, ya que fue capturado el 18 de julio de 2018, sin embargo, tanto en la acusación fiscal como el reporte policial aparece que su detención se realizó el 15 de septiembre, es decir, 51 días después de su detención real.

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