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Aprender a convivir bajo la base de la memoria y la reparación, el consejo de Obispo de Matagalpa

Monseñor Rolando Álvarez, Obispo de Matagalpa. Fotografía tomada de Diócesis de Matagalpa.

«Mientras no se rompa ese espiral de ataques y contraataques, estaríamos conduciendo a Nicaragua, al despeñadero», advirtió en la homilía de la Misa dominical, el Obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Älvarez.

Y consideró que: «es lamentable cómo cuándo figuras o líderes sociales, son capaces de pedir disculpas públicas, reconociendo sus equivocaciones, se arremete contra ellos, como si de destruir se tratara y no de construir».

El religioso manifestó que los problemas que aquejan a los nicaragüenses no serán resueltos «desapareciendo socialmente al otro», sino que hay que aprender «a convivir bajo la base de la memoria y la reparación».

Tras advertir que «nada ganamos y mucho perdemos los nicaragüenses si cada quien se atrinchera en sus posturas defendiéndolas como si fueran máximas verdades».

Mientras proponía a los nicaragüenses un duodecálogo para el perdón y la justicia en el que como primer punto establece que «´perdonar no es ignorar, sino transformar», Álvarez señaló, que mientras en Nicaragua no se supere el odio, no se saldrá de la crisis sino que “nos iremos sumiendo en más pobreza, delincuencia, tristeza y dolor”.

Duodecálogo para el perdón y la justicia propuesto por el obispo de Matagalpa

  1. Perdonar no es ignorar, sino transformar.
  2. Nadie puede mejorar el mundo si el mal no es superado. Y el mal solo puede ser superado con el perdón. Un perdón que sólo nos lo puede dar el Señor. Un perdón que no aleja el mal sólo con palabras, sino que lo transforma realmente.
  3. No hay justicia sin perdón. Y el perdón no sustituye la justicia.
  4. El perdón no significa negación del mal, ni debe hacer que decaiga la denuncia de la verdad del pecado.
  5. El concepto de perdón en el cristianismo hace nacer una nueva idea de justicia que no se limita a punir, sino que reconcilia y cura.
  6. Toda ofensa entre los hombres encierra de algún modo una vulneración de la verdad y el amor.
  7. La ofensa solo puede ser superada con el perdón, no a través de la venganza.
  8. El perdón sólo puede penetrar, sólo puede ser efectivo, en quien a su vez perdona.
  9. No se puede presentar ante Dios quien no se ha reconciliado con el hermano; adelantarse con un gesto de reconciliación, salir a su encuentro, es una condición previa para dar culto a Dios correctamente.
  10. La ofensa es una realidad, una fuerza objetiva que ha causado una destrucción que se ha de remediar. Por eso el perdón debe ser algo más que ignorar, que tratar de olvidar. La ofensa tiene que ser subsanada, reparada y, así, superada.
  11. Los horrores de la historia se utilizan como pretexto concluyente para negar la existencia de un Dios bueno y difamar a su criatura, el hombre, presentándolo como incapaz de perdonar.
  12. El amor se convierte en fuerza de salvación.

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