Fotografía tomada: de Instituto Nacional de Migración de México

Las madres buscadoras:

LA OTRA CARA DE LA MIGRACIÓN

A mediados del mes de diciembre más de 150 nicaragüenses fueron retornados al país procedentes de Tapachula, México, después de pasar por situaciones lamentables: Robos, secuestros, y otros padecimientos como hambre, dormidas en el suelo y a la intemperie, según un reporte de la organización Texas Nicaraguan Community.  No obstante, estos padecimientos son mínimos si se toma en cuenta que existen otros casos de migrantes cuyas madres desconocen su paradero.

Algunas de esas madres llevan años, en la búsqueda de sus hijos, para ello echan manos de lo que encuentran, ya sea desde las redes sociales, o a través de organizaciones de apoyo a las familias de migrantes o a través de canales oficiales exigiendo una investigación y no han perdido la esperanza de encontrarlos.

Un ejemplo del incremento del movimiento migratorio de los nicaragüenses que intentan viajar al norte de forma irregular de tránsito por México, son los reportes entre el 5 de diciembre y el 9 de diciembre de este 2022 del Instituto Nacional de Migración de México sobre el rescate de 209 nicaragüenses, entre otra cantidad de indocumentados de otras nacionalidades, en su mayoría porque estaban secuestrados por grupos delictivos. 

Hasta hace 10 años la cantidad de migrantes nicaragüenses desaparecidos en su tránsito por México, rumbo al norte, era inferior a las cifras que registraban los países del llamado Triángulo Norte en la región: Guatemala, El Salvador y Honduras.

 Esto podría evidenciarse fácilmente con la cantidad de madres que participaban en las caravanas centroamericanas que salían en búsqueda de sus hijos migrantes desaparecidos, cuya representación era mínima y en su mayoría procedente de occidente.

Quienes migran vía terrestre rumbo al norte, optan por viajar junto a algún conocido aventurándose a seguir las rutas que otros les han comentado, otros lo hacen guiados por “coyotes”, a quienes han pagado grandes sumas de dinero y aún así han perecido o desaparecido en el intento.

Hasta ahora, con el apoyo de la organización Red Regional de Familias Migrantes algunas de esas madres han logrado como avance que puedan ser escuchadas por las autoridades mexicanas y la promesa de abrir una investigación sobre sus casos.

Fotografía tomada: de Instituto Nacional de Migración de México

La esperanza, el denominador común

Ana Enamorado, una madre hondureña, buscadora por excelencia, lleva casi 13 años buscando a su hijo Óscar Antonio López Enamorado, y ha servido de gran ayuda a las madres nicaragüenses que buscan a sus vástagos.

“La exigencia e insistencia de las madres es bastante, las acciones de búsqueda son muy pocas por la distancia, que no debería ser un obstáculo si las autoridades actuaran de la manera correcta y la búsqueda se garantizara desde su país de origen”, refiere Enamorado.

Janeth Carrasco, es una de esas madres, habita en Villa Nueva, Chinandega, desde donde partió su hijo Wilker José Rios Carrasco, quien en noviembre de 2017 salió rumbo a Estados Unidos junto a otras dos personas. Se fueron por tierra, en las excursiones vía Guatemala. “Se fueron así aventurando, por su cuenta”. Rios pretendía llegar a Estados Unidos donde su papá lo recibiría. Pero nunca llegó.

 Ocho días después de haber llegado a Orizaba, Veracruz, aparentemente fue que Rios desapareció. La versión inicial que conoció Carrasco, por parte de terceras personas fue de que “Migración los había perseguido y que ellos pues, no sabían de mi hijo, que todos se habían apartado”.

“Yo me enteré por una señora que se llama Lolis Pérez, ella me llamó y me dijo que decía Eberto, que era uno de los que iban con él, que me avisara, pues que (Wilker) ya no iba con él, porque Migración los había perseguido, de ahí no se dieron cuenta de mi hijo”, recuerda Carrasco, quien refiere  que como tres meses después conoció otra versión  que  “fue por consecuencia que los había perseguido Migración ellos se pasaron a un canal de agua y estaba hondo y que mi hijo no pudo salir se hundió y que supuestamente fue ahogado”.

Rios Carrasco, de 28 años, ingeniero en sistemas, optó por dejar el país debido a la situación económica,  “aquí en Nicaragua no hay trabajo y quizás él aspiraba a otras cosas”, dice su madre, quien asegura que ella mantiene la esperanza de localizar a su hijo, pues “como no hay ningún cuerpo fallecido, y  suceden casos de que las personas pasan años y años y los dan por fallecidos y al final aparecen, y pues yo tengo la esperanza de que él haya luchado por salirse, no sé, donde dicen ellos que fue que se ahogó”.

Desde entonces Carrasco no ha dejado de buscar a su hijo, llamadas a cárceles preguntando si estaba detenido, “pero me decían que no había personas detenidas con ese nombre”, luego hizo contacto con organizaciones de apoyo a migrantes tanto en Nicaragua como en México, sin que lograra algún avance. Luego, “ya cuando me contacté con Ana (Enamorado) le hemos estado dando seguimiento en las reuniones, con los derechos humanos, hemos hecho gestiones y hemos logrado que me tomen en cuenta en la Fiscalía, incluso he tenido reuniones hace poco con los del fiscal, de Veracruz, y dice el señor este de que le están dando seguimiento que el expediente de él está ahí, que están con información de los municipios de Veracruz, para ver que pudo haber pasado en ese tiempo, entonces estamos en espera para ver”, comenta.

Las palabras del fiscal de que darán seguimiento al caso de su hijo, le han dado nuevas esperanzas a Carrasco quien dice, “como debe comprender eso ya te deja marcado ya toda tu vida. Sin saber nada, solo quedarse uno con la versión que hay, pero concretamente no sabemos nada. Es duro esto, si”.

Fotografía tomada: de Instituto Nacional de Migración de México

Tres años de búsqueda

El caso de Evelyn Gómez, es particular, ella también es una migrante, permanece en España desde hace 15 años, por lo que desde ese país ha estado dándole seguimiento a la desaparición de su vástago, Milton Javier Aguilera Gómez, ingeniero en sistemas, de 35 años, quien partió de Chinandega rumbo a Estados Unidos el 28 de julio de 2019.

La desaparición de su hijo “ha sido muy duro, fíjate (…) la verdad como tengo al hijo pequeño también aquí, eso me ayudó mucho porque él siempre estaba allí diciéndome ‘mamá tenemos que salir adelante, no se puede derrumbar’ y eso me hizo querer salir adelante, la verdad que ya no quería seguir viviendo”, explica Gómez.

La principal intención de Aguilera de viajar a Estados Unidos fue para reencontrarse con sus dos niñas que él había criado, después que la madre de éstas había viajado a ese país.  “Mirá es que él estaba criando a sus hijas, porque la mama de esas niñas estaba en Estados Unidos, él las tuvo 8 años, sabes, la más chiquita le quedó a él de meses. Y él cuando se las entregó a su madre, se desesperó sabes, porque ya no las tenía, y ´pues él decidió irse”, relata Gómez.

La migrante nicaragüense refiere, que, aunque ella optó por viajar a España, en busca de mejoría económica, una vez que pudo retornar al país lo hacía cada año para ver a sus hijos.  Y fue así que en uno de sus viajes que su hijo le comunicó: “‘Mamá quiero irme’ y yo siempre le decía ‘pero eso es muy peligroso’, ‘no mamá, tenga fe, va a ver que todo va a salir bien, yo la verdad, yo quiero que usted regrese a Nicaragua, que ya no siga allá’ y aquí estoy”.

Entre ese 28 de julio hasta el 30 del mismo mes, Gómez mantuvo comunicación con Aguilera “y él me iba diciendo por dónde iba, y el día 4 de agosto, me di cuenta que mi hijo no había llegado al lugar”.

Desde ese momento Gómez hizo contacto con organizaciones en busca de ayuda e incluso a los cuatro meses de desaparecido, otro de sus hijos viajó a México en una caravana de búsqueda. Pero “no hubo resultado, fíjate”.

Tras señalar que en esa ocasión “mi hijo vino horrorizado de ver lo que es México fíjate, para una persona migrante, me decía ‘mamá si yo hubiera sabido, jamás le hubiera dicho: Yo también te apoyo para que vos te vayas’”.

Y es a través de su otro hijo, a quien ella ha instado la búsqueda, han realizado todo tipo de gestiones no solo pidiendo apoyo de diferentes organizaciones en México, sino que denunciaron el caso en contra del coyote a quien le pagaron por trasladar a Aguilera “pero la verdad es que a mi hijo no le hicieron caso”.

El “coyote” les había cobrado 10,000 dólares bajo la promesa de “llevarlo a la puerta hasta donde iba”, pero después “nunca nos dio la cara porque yo lo llamaba cuando estaba en México y él juraba y perjuraba que él era cristiano, que él nunca iba a querer eso, pero la verdad es que ya después me he dado cuenta que él también perdió a otro muchacho de Estelí que se llama Cristian Torres”, comenta la madre de Aguilera.

 “A mí me dijeron que en México le habían quitado el teléfono (…)  incluso iba un muchacho de Jinotega con él y él dice que, pues que mi hijo se cansó y que se quedó sentado. Hasta ahí no más”, expresa la madre, quien señala que en sus gestiones “quise apoyo de la embajada, sabes, pero nada, tampoco, fue un cordial saludo y se acabó”.

Y en el caso de las autoridades mexicanas, sus esperanzas de que puedan hacer algo son mínimas, “la verdad es que no, porque o sea no miro que avanza, sabes, porque siempre lo mismo, lo mismo cada vez que nos reunimos porque nos reunimos por videoconferencia y siento que no avanza”.

Sin embargo, apunta: “Mira yo no me voy a dar por vencida, porque yo lo voy a buscar, lo voy a seguir buscando. La verdad es que Ana Enamorado ha sido uno de los mejores puentes que nosotras hemos tenido como madres, sabes, porque una persona que nos ha apoyado al 100 %, una madre que también lucha para encontrar a su hijo. Sin embargo, nos apoya para poder que nosotros lleguemos, que no tenemos oportunidad de hablar con las autoridades, que podemos expresar lo que nosotros sentimos, y queremos exigirles a ellos que nos apoyen porque nuestros hijos se han perdido allí en su país”.

Vilma Casco busca a su hijo Donald Elías Gutiérrez Casco. Fotografía Cortesía

Búsqueda no cesa

Al igual que Carrasco y Gómez, Vilma Casco busca a su hijo Donald Elías Gutiérrez Casco, de 36 años, de oficio en enderezado y pintura, quien lamenta: “Aquí no hemos logrado nada, solo con la Red a través de Ana, es que nos comunicamos con ella, pero con las autoridades no tenemos ese privilegio. Lo único que hacen es que medio nos dan una media atención ahí.  Pero la verdad ellos no están haciendo nada, allá no están haciendo nada”.

Y es que la falta de una pista sobre la desaparición de su hijo, lleva a dudar a Casco que realmente investiguen lo sucedido. “Nosotros hemos tenido reuniones ellos dicen, pero hasta ahí, no se mira algo que sea real todo lo tienen engavetado, pero ahí como que no pasó nada”, apunta Casco quien precisa que desde hace cuatro años y medio que perdió todo contacto con su hijo, después que él salió de Estelí el 18 de julio de 2018 e igual que los otros rumbo a los Estados Unidos, donde reside un hermano suyo.

Desde que Casco sospechó de la desaparición de su hijo hizo contactos con el consulado en Estelí, donde entregó la información correspondiente, donde visitaba constantemente sin que le dijeran nada, luego viajó a la Cancillería a Managua, donde un funcionario le explicó: “Mire madre es que son miles de desaparecidos que hay y usted sabe, además México no es un lugar pequeño, esa fue la explicación que me dieron (…) usted sabe es difícil”.

Posteriormente con la ayuda del Servicio Jesuita en Nicaragua en 2019 logró viajar a México con una caravana de familiares de migrantes. En esa época visitaron cárceles, parques, iglesias y refugios, sin resultados positivos para ella.

Gutiérrez dejó Nicaragua junto a otros tres muchachos, uno de ellos conocía la ruta porque había hecho varios intentos por llegar, pero había sido deportado, y únicamente pensó que podría sucederle igual que a su hijo menor que en el intento fuese deportado, por lo que no estaba de acuerdo en que viajara.

“Yo le dije ‘no vayas’, yo comencé pues a aconsejarle ‘yo no quiero que te vayas, hacelo por el niño’, porque él tiene un niño y una niña, ‘mirá hacelo por el niño, te necesita’ y comencé a decirle varias cosas, él me dijo: No, yo me voy por esto para darle una casita a ellos, estarle mandando a él, al niño y a la mujer’”, comenta Casco, tras señalar: “No me hizo caso, él se fue, no pensé que fuera a desaparecer y no volviera a regresar”.

En el trayecto su hijo se iba comunicando con su otro hijo que está en los Estados Unidos, pero cuando llegó a Irapuato, Guanajuato, solicitó a su hermano que le enviara dinero “mi hijo le contestó y le dijo que le mandara (el nombre de) la persona con la que él le podía facilitar el dinero (…) él le dijo: ‘Si, yo te voy a mandar’, (…)  él lo quedó esperando que dijera a quién le iba a depositar el dinero, Ya no se volvió a comunicar con él”.

Posterior Casco conoció de parte de uno de los jóvenes con quienes partió de Estelí, que se habría ido “con hombres desconocidos, no sé que tipo de personas eran”.

De acuerdo con la versión, “estaban esperando un tren, él como que se sofocó porque el otro muchacho estaba depositando un dinero, tenían que ir a traer, él parece que dice se desesperó, iba como desesperado, hizo amistades con unos allí, uno era de Guatemala, otro no se dónde”.

 Lamenta que su hijo no haya escuchado sus consejos, “le dije no andés platicando con gente desconocida (…) vos sabés que esos lugares son peligrosos, le dije yo y no se debe andar platicando con cualquiera (…) pero usted sabe los muchachos a veces no piensan”.

A ella le llama la atención que su hijo no haya buscado maneras de comunicarse con su familia, “no sé, pero es que para mí es raro de que haya perdido números telefónicos (…)  pero me dice un hijo, pero si ahora hay maneras de comunicarse porque a través de facebook cuando él no va a ver ahí comunicación o que la familia esté conectada. Ahora hay maneras”.

Mientras estas madres siguen la búsqueda de sus hijos, surgen nuevas historias por los que pasan quienes parten con la esperanza de cumplir sus sueños y anhelos. Pero en el trayecto estos se convierten en una pieza de la industria del crimen organizado que les secuestra, para extorsionar a sus familias a quienes su vida se transforma en verdaderas pesadillas, como sucede con uno de los tantos casos recientes conocidos en el país, del que ha trascendido que después de pagar el monto para que su pariente pudiese ser canjeado, su familia aún desconoce de su suerte. Y lo peor de todo, es que deben guardar silencio por temor a que los tentáculos de las redes de los cárteles mexicanos en el país les alcancen con sus amenazas.

El pago a “un coyote”, de 3,500 dólares como mínimo para que los guíe en su trayecto, no es garantía de seguridad, pues a unos pasos de cruzar la frontera los puede esperar algún miembro de las mafias mexicana que les advierta: “A mí la gente no me ha pagado nada, son mil 500 (dólares) por cabeza”. Y así empieza la retención ilegal, el secuestro, la extorsión y la incertidumbre entre los suyos sobre su destino. 

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