Sociólogo Óscar René Vargas describe cuatro escenarios posibles para que el régimen Ortega Murillo salga del poder

Y que desde enero de 2019 se registra lo que llama la fase post Ortega y que no hay manera en evitar que termine en elecciones generales. Estima que la lucha que sigue es definir qué tipo de elecciones serán.

Uno de los escenarios que contempla es la permanencia de Ortega en el poder “aferrados a la lógica del poder o la muerte. Pensando que mientras tengan los ‘fierros’ pueden conservar el poder”.

Un segundo escenario sería elecciones con reformas cosméticas pero manteniendo el control de todos los otros poderes del Estado. Lo que a su criterio “nadie iría a votar a unas elecciones donde no existan las garantías que se respetaría la decisión popular en las urnas”. Y advierte que “ir a las elecciones sin reformas profundas y sin garantías sería traicionar la rebelión de abril. Ir a votar con un fusil apuntando a la espalda de los ciudadanos y los paramilitares en los centros de votaciones sólo nos llevaría a un ‘orteguismo con Ortega’”.

Un tercer escenario contemplado por Vargas es la llamada «salida suave» o “salida en frío”, pues ha llegado a pensar que en diciembre de 2019 “Washington se lanzó una ofensiva para propiciar una solución final en Nicaragua. Es decir, quiere forzar una salida negociada y sin participación de la calle”.

Y el cuarto escenario que menciona es la opción militar, que a criterio del analista es la alternativa no deseada y menos probable. “Esta opción solo sería posible ya sea porque el Ejército golpee la mesa o se produzca una acción armada extranjera”, dice Vargas.

“El régimen Ortega Murillo ya se acabó; Ortega Murillo permanecen en el poder, pero no gobiernan, se sostienen a base de la represión”, sostiene Vargas.

Política nacional es como un baile de máscaras

En un amplio análisis, Vargas desmenuza muy atinadamente la crisis en la que está inmersa el país a partir de abril de 2018, la participación de los diversos sectores de la vida política, social, económica y religiosa del país.

“En la política nacional hay mucha simulación, es como un baile de máscaras, todos los políticos tradicionales fingen una cosa cuando en la realidad actúan de diferente manera”, señala el sociólogo, quien estima que “el objetivo principal de Ortega Murillo es que todo sea igual como antes de abril 2018”, lo que es improbable.

Explica Vargas que la apuesta del régimen para ganar y permanecer en el poder se basa, en su creencia, que puede revertir la crisis sociopolítica siempre y cuando pueda actuar en cinco frentes: la represión al movimiento social, el acomodamiento político del sector privado, la división de la oposición, la protección a su círculo íntimo de poder y una comunidad internacional con pocos dientes como les enseña la experiencia venezolana.

A criterio de Vargas el régimen cree que el tiempo que tarde en resolverse la crisis en Venezuela puede restarle fuerza a la acción diplomática en su contra.

A su criterio el régimen no tiene ninguna propuesta firme y única, sino que actuará según las circunstancias y con la esperanza de que los Estados Unidos no lleguen a desestabilizarlo completamente por temor a la ausencia de una alternativa de poder unitaria y crear un caos en la región centroamericana.

Vargas estima que la etapa de transición puede ser de corta duración, “por la profundización de la recesión económica, por el mayor aislamiento internacional y por las negociaciones tras bambalinas”.

A Ortega no le queda más que negociar

Sobre una posible negociación, Vargas señala que si el régimen no lo hace “el proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana (CDI) avanza y la dictadura quedaría más aislada, sin acceso a ningún crédito internacional, sanciones a más funcionarios del gobierno y del Ejército, sanciones a más funcionarios violadores de los derechos humanos y/o corruptos”. Esto lo debilitaría aún más. Por tanto, dice Vargas en su ensayo, ahora Ortega deberá hacerlo cuando ha perdido la confianza de la gran mayoría del pueblo nicaragüense.

En los últimos 20 meses, el régimen no ha podido resolver la crisis política y social que le sacude. Está más debilitado, aunque mantenga el apoyo del Ejército, la Policía y los paramilitares para implementar una salida a su favor.

Y Nicaragua está en los umbrales de un “postorteguismo sin Ortega”donde el dictador ha podido sostenerse en el poder debido fundamentalmente a la Policía, los paramilitares y al Ejército. Así como el temor del gran capital de un desborde político y social de los ciudadanos dispuesto a mandar al traste al dictador.

“Al movimiento de abril se le puede ver como un parteaguas en la lucha contra la dictadura, pero, a la vez, como una consumación de movilizaciones y confrontaciones sociales que se dieron entre el 2007 y 2017”, apunta Vargas tras recordar las luchas que le antecedieron como la del Movimiento campesino, de los mineros, los trabajadores de la zona franca, Movimento de Mujeres, ambientalistas, estudiantes, personas de la tercera edad cuyos reclamos fueron callados con la fuerza policial y la cárcel.