La lucha que le cambió la vida a la líder campesina Francisca Ramírez

La lucha que le cambió la vida a la líder campesina Francisca Ramírez

Aprendió de la escuela de la vida. Incansable, trabajadora de extenuadas jornadas en el campo, sin importar la lluvia o el sol, donde aprendió el teje y maneje de la compra y venta del producto cosechados en el sector. Ese aprendizaje le ha ayudado a Francisca Ramírez a enfrentar con valentía la experiencia del exilio en Costa Rica.

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Aprendió de la escuela de la vida. Incansable, trabajadora de extenuadas jornadas en el campo, sin importar la lluvia o el sol, donde aprendió el teje y maneje de la compra y venta del producto cosechados en el sector. Ese aprendizaje le ha ayudado a Francisca Ramírez a enfrentar con valentía la experiencia del exilio en Costa Rica.

En La Fonseca, Nueva Guinea, donde se desplazaba fácilmente por la zona rural, producía la tierra y salía a los mercados nacionales a vender la cosecha de quequisque, jengibre, yuca, frijoles, maíz, que compraba a otros campesinos.

Cuando le tocó defender esas tierras contra el proyecto del Canal Interoceánico fue una líder natural en el campo, donde por costumbre y por cultura, quienes llevan la voz de mando en sus casas son los hombres.

Nadie los ha financiado

Después de varios meses de exilio, muchos se han imaginado a la líder campesina viviendo de la ayuda del exterior. Pero “en Costa Rica, nunca hemos sido financiados por nadie”, aclara Ramírez, quien recuerda que el Movimiento Campesino desde 2013 financió la lucha que mantuvo hasta 2018 contra el Canal Interoceánico.

En un foro reciente en San José, Ramírez aclaró que si bien es cierto en marzo pasado recibió el premio Homo Homini de parte de People in Need, en Praga, República Checa, ese premio no traía consigo ayuda económica.

Y aunque señala, que en Costa Rica ha sido difícil sostenerse, han decidido no buscar dinero, “porque lo que ha pasado en Nicaragua no se puede justificar con dinero”, además, estima que “el dinero desune, divide”. No obstante, aclara, que seguirán luchando por lo que consideran es correcto “aunque tengamos que sufrir”.

Luchan por la sobrevivencia

En Nicaragua, Ramírez, tenía un negocio propio y sus bienes. Ahora, “después de tener nuestros propios vehículos hoy tenemos que andar a pie”, indica Ramírez. Para sobrevivir la familia de Ramírez ha tenido que trabajar de diversas formas.

Unos trabajan vendiendo productos en un mercado local, otros como conductores, pues deben preocuparse por el pago de la renta de la casa que alquilan donde por un mes deben pagar hasta 200,000 colones, equivalente a unos 333 dólares al mes.

Explicó que lo que obtienen en la semana lo destinan al alquiler de la vivienda que las buscan sencillas y donde puedan habitar entre 15 a 20 campesinos.

“Lo que nunca habían hecho en Nicaragua trabajarle al ajeno, lo han tenido que hacer para poder sobrevivir”, indica Ramírez, quien como consuelo de la situación que enfrentan dice: “lo íbamos a vivir cuando nos expropiaran y lo íbamos a vivir solos (…) estábamos en riesgo de perder nuestras tierras”.

Y añade: “El sufrimiento que vivimos con mi familia de dormir en el suelo, esto lo íbamos a vivir y lo íbamos a vivir eternamente y hoy no; lo vamos a vivir temporalmente porque vamos a regresar a Nicaragua y vamos a regresar a nuestras tierras”.

Y aunque extraña los frijoles, el queso, la leche y, sus tierras que están abandonadas, la líder campesina aclara que no se arrepiente “porque íbamos a terminar mal los nicaragüenses, en una segunda Cuba, sometidos, que no íbamos a ser dueños de nada”.

Además, Ramírez valora lo poco que tienen, “cuando sabemos que don Medardo Mairena, don Pedro Mena están en una cárcel siendo torturados, sometidos a injusticia; cuántos jóvenes estudiantes también sometidos o de la sociedad civil y si es cierto estamos sufriendo, no lo que están sufriendo los presos, las madres que perdieron a sus hijos, las esposas que perdieron a sus esposos en la lucha”.

Trabaja por la organización

Estudios realizados sobre los nicaragüenses en el exilio en Costa Rica estiman que el movimiento campesino es uno de los sectores poblacionales más grande que buscó refugio en ese país. Probablemente son unos 15 mil campesinos, explicó Elvira Cuadra una de las investigadoras.

Ramírez no ha dejado de trabajar por la organización en el exilio, para eso su familia la respalda con más fuerza que antes, porque ellos quieren retornar a Nicaragua “porque saben que esto lo tenemos a medio camino”.
Y es que su principal sueño es regresar a Nicaragua, pues “no hemos venido para quedarnos, estamos en busca del retorno, (en Cosa Rica), solo salvaguardar la vida y organizarnos”.

Ramírez lo ve todo desde la perspectiva de que serán pocos los días los que les quedan de sufrimiento, pues dice que así como el movimiento campesino decidió levantar los tranques, para presionar más al régimen después de 97 marchas contra el proyecto del Canal, ahora “estamos en busca del retorno, coordinado con los que están en Nicaragua”.
Y advierte que si Daniel Ortega no cede, “que le hemos dado una oportunidad (…) vamos a volver a levantarnos”.

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