El uso de alicates, choques eléctricos, golpes y violencia sexual entre las torturas a  presos políticos

El uso de alicates, choques eléctricos, golpes y violencia sexual entre las torturas a presos políticos

Múltiples actos de torturas han sido perpetrados en varias delegaciones de la Policía del régimen o de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), más conocido como El Chipote, en contra de los presos políticos, en más de un año de represión ejecutada por el régimen Ortega Murillo, por haber participado en protestas de la sociedad civil.

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Múltiples actos de torturas han sido perpetrados en varias delegaciones de la Policía del régimen o de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), más conocido como El Chipote, en contra de los presos políticos, en más de un año de represión ejecutada por el régimen Ortega Murillo, por haber participado en protestas de la sociedad civil.

De acuerdo a testimonios recabados con excarcelados del régimen y plasmados en el informe preliminar “Volviendo a ser humano”, el Colectivo de Defensores de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, demuestra que los presos políticos han sido víctimas de torturas, sometidas a tratos crueles, inhumanos y degradantes como un método de castigo por oponerse al régimen “y con la finalidad de realizar ‘confesiones’”.

 Los interrogatorios fueron marcados por una desmedida violencia física y saña para ello fueron utilizados múltiples métodos de tortura, que incluyó intentos de asfixias, arrancamiento de uñas, quemas de planta de los pies, entre otras.

 El alicate fue mencionado al menos por tres personas como un arma de tortura; en uno de los casos mencionó que al cuarto día de estar detenido le pusieron en la clavícula un alicate, los mojaron e hicieron varias descargas eléctricas hasta que perdió el conocimiento.

 Otros testimonios indican que también les arrancaron las uñas de las manos con alicates y comúnmente los sometían a esta salvaje práctica en horas de la madrugada. Uno de ellos expresó que tenían una máquina rudimentaria para arrancarles las uñas, “esta tenía una aguja que era insertada por debajo de la uña y halada a presión”.

Igual  en estas horas se registraron otras torturas, como la practicada a un joven de 17 años a quien le quemaron las plantas de los pies.

Quemados con cigarrillos

 Tanto en el Chipote como en otros centros de detención también utilizaban los golpes y patadas en los testículos de los detenidos, el colectivo recogió un par de testimonios en los que mencionan  la quema de testículos con cigarrillos encendidos y en otras partes del cuerpo. En el caso del que fue quemado en los testículos, mientras hicieron esto, otra persona agarró unas tijeras y amenazó con cortárselos. 

La presa política Olesia Muñoz Pavón fue torturada en la Delegación Policial de Masaya por ser una de las “lideresas” del tranque de Niquinohomo. A ella le dijeron “tu familia ya está muerta”. A su vez, denunciaron sus familiares que en el Chipote le pusieron una bolsa de plástico en la cabeza para asfixiarla y frecuentemente llegaban por las noches a bañarla de agua helada, esta oficial siempre llegó a su celda con la cara cubierta. Los baños con agua helada era algo sistemático cometido contra los presos y presas políticas.

En el Chipote los policías también actuaron con saña contra miembros de la población LGBTI, como humillación a su orientación sexual. Y mencionan que “Kisha” no paró de llorar por dos días seguidos en su celda, según relatan compañeras de ella, cuando llegó hablar solo gritó que le “habían hecho cosas terribles”.

Otras prácticas de tortura durante las entrevistas destacan la utilización las fotografías de familiares acompañadas de amenazas de detención, agresión o violencia sexual, amenazas de hacer abortar.

 A su vez, la interrupción del sueño, confinamiento   en celdas llenas de agua hasta la rodilla o celdas calientes y cerradas, armas de fuego sobre la cabeza durante el interrogatorio, golpizas estando la persona inmovilizada en un poste o colgadas, plancha caliente sobre el cuerpo, disparos a los pies para que implicaran a otras personas, uso de adoquines para presionar, lastimar o amenazar, violación sexual y amenazas o agresiones sexuales.

Subterráneo en El Chipote

Al menos dos personas mencionaron “El Caracol”, como un lugar subterráneo en El Chipote, donde habían varias salas de tortura y les realizaban entrevistas; uno de los entrevistados aseguró haber estado en ese lugar.

 A estas salas se llegaba bajando unos escalones que se encuentran al abrir una puerta ubicada al final del pasillo, en dependencia de donde se encuentren deben bajar una o dos plantas para llegar a esas salas.

 Es de destacar que durante las visitas realizadas por miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), durante 2018, nunca les permitieron acceso más que a salas de reunión y los únicos que tuvieron acceso a celdas en El Chipote donde permanecían los presos, fueron los eurodiputados que visitaron el país en enero pasado, pero no a otros sitios de esas instalaciones. Sin embargo, desde hace muchos años organismos de derechos humanos en el país habían conocido denuncias de prácticas de tortura en ese lugar.

“Otra persona describió haber estado en una celda subterránea, donde estando esposado a una silla le daban choque eléctricos, era una celda sucia y oscura donde había cucarachas y otros insectos; esta era una celda de confinamiento, al cerrar la puerta y salir el oficial la llenaban de agua hasta las rodillas del detenido, según la descripción de esta celda, dos personas entrevistadas estuvieron en ella y otro entrevistado aseguró haber escuchado el testimonio de “un señor” que también estuvo ahí. Una persona dijo que era la celda número 17”, indica el informe. 

“Otra celda mencionada de este complejo de celdas es una totalmente sellada con solo 6 hoyos pequeños en una pared, es una celda caliente. Otras celdas de interrogatorios fueron recordadas por tener a la vista del preso político una plancha, tasers, armas de fuego, esposas, alicates, tenazas, bates, machetes, entre otros. En estas celdas aseguraron al menos tres víctimas se encontraban torturando personas con acento cubano y venezolano”, sostiene el Colectivo de Defensores de Derechos Humanos.

En el testimonio ofrecido por J.J.G.A.  indica que lo llegaban a sacar esposado de la celda, con una capucha en el rostro y armas de largo alcance sobre su cabeza mientras caminaba. En dos ocasiones amenazaron con quitar a los hijos de la persona detenida.

Independiente del lugar, la forma, el horario o quién realizara los interrogatorios siempre realizaban tres preguntas: “¿Quién los financia? ¿Dónde se encuentran las armas? y ¿Dónde están las demás personas o líderes de la organización?”.

Cuando los presos políticos llegan al Chipote los obligan a desnudarse, aún frente a oficiales del sexo opuesto, y a hacer cincuenta sentadillas, mismas que se deben volver a hacer si no se completan.

“Yo jamás pensé que iba a llegar a sentir tanto miedo”, dijo D.R.E.C.,  a quien le enseñaron fotos de su esposa con “chachas” puestas y de sus hijos, con amenazas de que se iban a quedar sin padres, porque a ambos los iban a procesar.

Sobre el supuesto cierre de El Chipote, el informe “Volviendo a ser humano”, refiere  “un nuevo centro de detención en Managua, no significa que desaparece la comisión de actos de torturas”.

 El Estado debe responder

Estos actos fueron cometidos por agentes del Estado y fuerzas parapoliciales y una parte de las víctimas, señaló la participación de personas extranjeras en la ejecución de dichos actos.

Igual hay denuncias de haber utilizado métodos de torturas en las delegaciones de la Policía de Sébaco, Masaya, Matagalpa, León, “La Garita”, centro de procesamiento policial de Granada y Chinandega. Además las prácticas de tortura son mencionado no solo en delegaciones policiales, sino en las penitenciarías y cárceles clandestinas.

 “Los testimonios coinciden en señalar, que algunos centros clandestinos eran fincas o casas (zonal) del partido de Gobierno” revela el informe del Colectivo de Defensores de Derechos Humanos.

El mismo confirma además, que “el Estado de Nicaragua es responsable de la conducción de una política de represión, persecución, criminalización y discriminación, ejecutada a través de los distintas instituciones y funcionarios”, para quienes recomiendan una investigación con el propósito de buscar la verdad, justicia, reparación y no repetición.

Con el informe ese colectivo exige el cese de la represión, la libertad de todos los presos políticos y la eliminación de todas las formas de tortura; para que estos hechos no se vuelvan a repetir en el país.


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