Casandra y la eliminación de la dictadura

Casandra y la eliminación de la dictadura

La tragedia de Casandra, la hija del rey Príamo y Hécuba de Troya, no fue haber sido asesinada. Su verdadera maldición fue que, a pesar de tener el don de la profecía, ella estaba condenada a ser ignorada y, por tanto, nadie creía sus presagios. Cuando los griegos tendieron la trampa del caballo de Troya, ella fue la única que advirtió sobre el ardid y nadie le hizo caso.

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En la sociedad nicaragüense ha habido algunos Casandras, que han alertado sobre la inminencia de las consecuencias nefastas de la dictadura Ortega-Murillo. A fuerza de escuchar tanta advertencia, la credibilidad se esfuma rápidamente. Tal parece que la maldición de Casandra renace todos los días.

La realidad es que las prédicas, entre 2007-2017, sobre la llegada de una nueva dictadura no provienen de un don mágico de algunos expertos analistas. Esas advertencias estaban bien cimentadas en datos duros y en un análisis riguroso de experiencias pasadas.

Si las advertencias cayeron en oídos sordos, eso se debe al trabajo de los medios de información y a los desaciertos de los políticos tradicionales y empresarios que recomendaban más silencio y más libertad para el accionar del dictador con el fin de evitar la llegada de una nueva crisis sociopolítica.

Sin embargo, desde que estalló la crisis sociopolítica de abril 2018 nadie ha cuestionado las ideas económicas que aún predominan y que condujeron al desastre. El banco central y las autoridades económicas en general siguen comportándose como si crisis de 2018 hubiera sido producto de un terremoto.

De hecho, esa es una explicación que muchos miembros y asesores de los poderes fácticos, ofrecen a la población cuando le preguntan cómo era posible que nadie hubiera visto venir la crisis y sus efectos. Era tan difícil hacerlo como predecir un terremoto, fue la respuesta.

No es lo que pienso. La advertencia es clara. Primero, la crisis de 2018 no se produjo por factores externos imposibles de predecir. Se generó por fuerzas endógenas, inherentes al desarrollo de la economía capitalista de compadrazgo. Segundo, al seguir abrazando la ortodoxia de la política social, económica y política nos seguimos acercando como sonámbulos a una nueva crisis. Ese es el diagnóstico que hago desde el año 2018.

Sin embargo, muchos políticos y portavoces del sector financiero señalan que estamos ya entrando en el año recuperación económica. Pero olvidan siempre mencionar un dato que puede ser una señal funesta: esta recuperación es producto de un proceso de empobrecimiento de las clases medias y de los sectores populares, lo que indica que, para ellos, la solución de la crisis económica pasa por el arreglo entre los poderes fácticos o “en frío” de la crisis sociopolítica.

En todo caso, el regreso a la “normalidad” sociopolítica, todo está normal pregona el régimen. Sin embargo, la dictadura está desprovista de las herramientas para hacer frente a la profundización de la recesión y a la próxima depresión económica.

En el 2020, viviremos en un estado de “equilibrio catastrófico” o crisis orgánica. La crisis orgánica producto de la perturbación causada por un conjunto de factores (sociales, políticos y económicos) que erosionan a la dictadura, durante el intervalo en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo.

El régimen echa aceite por doquier, pero su motor está destartalado, los asesores defienden el supuesto que los problemas se resuelven con más parches a lo ya parchado ante el recrudecimiento del “equilibrio catastrófico” y la creciente incertidumbre, desigualdad y pobreza. La incertidumbre es perjudicial para la confianza de las empresas, la inversión y el crecimiento.

En el 2020, el régimen Ortega-Murillo enfrenta una cancha marcada por cuatro elementos principales:

(a) Factores externos que quiere decir, posibles sanciones internacionales, las sanciones son una amenaza real a la estabilidad del régimen. Al gobierno de Trump lo guiará el cálculo político relacionado con los votos de la Florida de cara a las elecciones de noviembre 2020.

(b) La economía en recesión (7 trimestres de crecimiento negativo) afecta la inversión; es decir, al comportamiento del capital extranjero y los distintos sectores del capital nacional. Por lo tanto, reducción drástica de la inversión.

(c) El agravamiento del descontento social como consecuencia del acrecentamiento de la zozobra de pagar las cuentas a fin de mes, por la incertidumbre de sobre la salud y el bienestar futuro de la familia. El temor constante de quedar rezagado. Más de la mitad de la población no puede satisfacer sus necesidades básicas. Elementos que pueden acrecentar el amplio espacio sociopolítico alternativo integrado por la Alianza Cívica, UNAB, Articulación de los Movimientos Sociales, Coalición Nacional y el Movimiento Campesino, que le disputan al régimen cuotas de poder.

(d) Se conocerán los acomodos y reacomodos de los poderes fácticos internos, los cuales que juegan un papel importante en la conformación de una nueva correlación de fuerzas: Iglesia católica, Ejército, Policía, partidos políticos tradicionales y movimientos sociales.

En el 2020, después de años y años de capitalismo de compadrazgo, de fomentar la concentración del ingreso, de privilegiar a la minoría, el crecimiento será negativo y el gobierno tendrá características de una administración maltrecha, desarticulada y deficiente.

En el 2020, el riesgo más importante que enfrenta Nicaragua es pasar de la recesión a la depresión económica. Como consecuencia de un “entorno fiscal excesivo”, como de la amplia necesidad de recursos del régimen para cumplir sus obligaciones y el debilitamiento de las fuentes de ingresos previstas en el presupuesto general de la república.

El régimen Ortega-Murillo contempla medidas que ha generado preocupación por un nuevo entorno fiscal que resultaría excesivo para las empresas y personas físicas. Ello limitaría la competitividad de las empresas, conduciría a la quiebra a muchas pequeñas y medianas, y, agravaría el ánimo de los inversionistas.

Sabemos que una desigualdad excesiva limita la posibilidad de salir de la recesión y carcome los cimientos del régimen. Al mismo tiempo que corroe la confianza de la sociedad y en las instituciones. Lo cierto es que la mayoría de la población vive, desde abril 2018, en crisis permanente. Todo lo anterior, en lugar de mejorar la correlación de fuerzas del régimen, lo debilita.

La única manera de eludir la profundización de la recesión y escaparse de una depresión económica es la eliminación de la dictadura Ortega-Murillo. En los hechos, la mejor solución para salir del hoyo es mandar “al carajo” al régimen.

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