Atacantes de Iglesia Divina Misericordia fueron “escuadrones de la muerte”

Atacantes de Iglesia Divina Misericordia fueron “escuadrones de la muerte”

El ataque indiscriminado con armas de fuego de alto calibre perpetrado el 13 de julio de 2018, contra los ocupantes de la Iglesia Divina Miseric

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El ataque indiscriminado con armas de fuego de alto calibre perpetrado el 13 de julio de 2018, contra los ocupantes de la Iglesia Divina Misericordia fue con métodos de guerra, asegura el defensor de derechos humanos Gonzalo Carrión.

A un año del hecho donde fallecieron los jóvenes Gerald Vásquez y Francisco Flores, para Carrión el ataque ejecutado por paramilitares con la presencia de la Policía, “era para aniquilar a un enemigo”.

Y esos fusiles de guerra “no se podían utilizar sin la venia del Ejército”, sostiene Carrión, quien califica a los autores del ataque como ” los escuadrones de la muerte”, que ese día por unas 18 horas “hicieron de las suyas con la participación de la Policía política”.

El defensor, que ahora integra el Colectivo de Defensores de Derechos Humanos Nicaragua Nunca más, desde el exilio comenta que él fue parte de decenas de personas que ante la llamada de auxilio lanzada por las victimas desde el interior de la iglesia, fueron en caravana a las cercanías del templo.

Durante toda la moche del 13 de julio y amanecer del 14 de julio, Carrión presenció el feroz ataque contra un grupo de jóvenes, que para repeler el fuego pesado solo contaban con morteros.

“Una experiencia bastante aterradora”, resumió uno de los sobrevivientes y exatrincherado de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua), que asegura que “las balas llegaban como lluvia”.

Solo podían llorar y rezar

Carrión señala, que durante toda la noche observaron impotentes el ataque sin poder impedirlo. Solo les quedaba a unos llorar y a otros rezar.

Esto porque ningún defensor podía hacer nada, los policías habían atravezado las patrullas para bloquear el paso varios metros antes del templo católico mientras les apuntaban con sus fusiles.

Por su presencia en ese sitio y haber acudido tras la masacre de la familia del barrio Carlos Marx en calidad de defensor de derechos humanos, el régimen le atribuye a Carrión participación en esos hechos.

Las paredes del templo católico son mudos testigos del terror vivido por los jóvenes que horas antes del 13 de julio, habían buscado refugio en el sitio tras desalojar la UNAN donde habían permanecido atrincherados.

En la madrugada del 14 de julio comenzaron las detonaciones con mayor fuerza contra los ocupantes de la iglrsia, “el sonido de las balas, el sonido del terror se expandió, causó mucha conmoción”, relata Carrión.

Por un momento dice el defensor pareció “el infierno”, apagaron las luces y a ellos les apuntaron con los fusiles.

A esa hora “muchos lloramos y decíamos los están matando”.

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